lunes, 18 de octubre de 2010

Allá, del otro lado


Con qué afán de besos
se acercan mis ojos brillantes
a tragar
por completo
los tuyos, sin lustro pero sabios

Cada arruga vale una sonrisa,
o
veinte libros
o
un par de tristezas

Y así, sin más, que te quiero, que no,
que estás tan lejos,
estás
tan barco en la bruma,
tan bruma en el horizonte.

Pero sigues, lejos, lejos,
largo.
¿Te has detenido una vez siquiera a verme?

No importa eso, no;
así como tampoco importo yo,
ni vos,
ni nadie.

Ni tampoco, mucho menos, el hecho
de que existieras en un mundo paralelo
en el que jamás podría alcanzarte.

¡Qué sacrilegio querer besarte,
si tus primaveras caminan por la vereda de enfrente!

viernes, 15 de enero de 2010

Amor de Julio


Beso tu sombra,
Beso con fervor tu cenicienta réplica.
Beso desesperada aquella burda imitación de tu figura
que me invita a contemplarte,
pero lejos de acercarte,
te pierde, te desvanece en un recóndito quién sabe dónde.
Beso esa pantomima de tus movimientos,
frágil languidez que ridiculiza cada uno de tus bordes,
mímica inútil,
mímica gris,
mímica triste de tu figura sublime.
Beso tu ausencia, beso tu desaparición,
beso tu memoria,
beso, respiro, me dedico a lamer cada lunar,
devoro cada peca del dorso de tu mano salpicado de estrellas.
Huelo tu mano, huelo tu tabaco y tus magdalenas,
huelo a París en cada dedo,
huelo el frío que traés pegado en la cara,
huelo la gloria de tu cuerpo, de tu ser.
Beso tu sangre, la marea bermellón de tus venas,
beso la ternura eterna de tus ojos ya ciegos,
beso tu alegría, tus pupilas, tus párpados cerrados.
Absorbo tu hálito extraviado hace tiempo,
lo hago mío;
absorbo tu risa caliente, bebo tu voz grave,
rasguño tu recuerdo distante,
te traigo hacia mí y ruego que existas, que
seas mío,
que tus dientes tuertos y amarillos estén
aquí para poder morderme, mientras te muerdo.
Te invento un altar y beso tus pies sagrados,
beso tus pies, y te beso a ti,
Cristo redentor de los poetas,
de los soñadores.